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De Quimeras y Ensoñaciones

Relatos

Es triste llamarse abeto

Y había un bosque que acababa de nacer, cuando una semilla llevada por una urraca negra y blanca se depositó con sus excrementos sobre un suelo no muy fértil, pero donde llovía mucho.
Y pasaron doscientos años
Un joven abeto desafiaba a que todos pudieran vencerle y para ello debían de tener ojos de pájaro ó ser un abeto como él.
- No hay nadie en todo este bosque que pueda ver lo que pasa detrás de aquellas montañas – se decía a si mismo el árbol mas viejo, un eucalipto de mas de mil años.
- ¡Yo lo veré! – dijo el abeto orgulloso – creceré muy alto y os contaré a todos lo que ocurre detrás de esas montañas.
Y el abeto creció, y era el árbol más alto del bosque, el más grande, y se sentía orgulloso , sus ramas y su tronco cobijaban a pájaros, ardillas, insectos y cientos de bichos pequeños, y sus raíces alejaban el desierto gris e inanimado y sus hojas daban oxigeno a los bichos del bosque y de la ciudad, y al morir y caer al suelo lo enriquecían con materia orgánica y daba color, frescura en el verano e impedía que el aíre frío entrara al corazón del bosque, pero había algo que no sabía hacer: No sabría hacerle daño a nadie, sólo sabía crecer, y llegó a crecer tan alto que un día llegó a ver lo que pasaba detrás de las montañas.
Y se sintió mal, no podía respirar bien, un humo asqueroso le impedía ver lo que hubiera detrás de las montañas y otro día al despertar oyó un ruido raro, algo tan grande como él se movía a sus pies, era tan grande como él , si él estuviera tumbado y luego sus pies….. ¿Quién le hacía cosquillas en sus pies?
- ¿Qué ocurre eucalipto? ¿Qué es esto?, dime, tú que eres viejo , lo has de saber. El eucalipto no dijo nada, sólo movió sus ramas. El abeto empezó a tambalearse como un borracho
- ¿Es esto morir, Eucalipto? Alguien tira de mí hacia abajo.
- Es Navidad – dijo el Eucalipto – y tú eres un abeto
- Yo, yo, yo soy un árbol como tú. El abeto cayó con un ruido de muerte helada y arrastró al eucalipto viejo en su caída.
- ¿Es esto estar muerto, Eucalipto?
- Si, joven abeto, ya no podrás tener más hojas, ya no podrás crecer más, los hombres te han matado y como me dijo mi abuelo, eres como un cerdo que va al matadero y ¿sabes porque has muerto? ¡Porque eres un abeto!
- Si, lo sé, tú me enseñaste que yo era un abeto , ¿Pero que es eso de ser abeto? ¿Qué es eso de ser Navidad?
- Te llevaran lejos, yo moriré en nuestro bosque, pero tú te irás lejos y morirás solo, yo me pudriré aquí y volveré a nacer con mis semillas, a ti los hombres te tienen reservado otro final.
Y el abeto empezó a sentir que se movía, que su bosque se iba alejando de él y que no podía hacer nada y pasó mucho tiempo y un día sintió como alguien le volvía a poner de pie y volvió a sentirse orgulloso, pero estaba muerto, esa era la diferencia, era un orgulloso abeto muerto.
Y al mirar a su alrededor vio algo que nunca había visto, pero que eran edificios de una ciudad, el orgulloso abeto muerto no sabía que aquello era lo que tapaba el humo que no le dejaba ver lo que había detrás de las montañas cuando estaba en su bosque y era él el mas alto y grande de todos.
Metieron su tronco en un agujero y le aprisionaron con hierros y cadenas para que pudiera esta tieso y aquello le dolía, primero le mataron y ahora le habían aprisionado, su libertad había volado con sus pájaros, ya era un orgulloso abeto muerto sin libertad.
Y pusieron bombillas y rompieron muchas de sus ramas y aquello le hizo llorar y las bombillas quemaban sus hojas y ni un solo bichejo chico se quedó en su tronco.
-¡Oh! Que bonito está ese árbol de Navidad en la Plaza de San Pedro – Dijeron los hombres – ¡Que adornado¡ , ¡ Como brillan las luces y la estrella de Navidad en todo lo alto¡ , el Papa debe de estar muy contento con él, es el espíritu de la Navidad.
El abeto era muy bonito, pero, solo una cosa, estaba muerto, ¡ Maldita sea ¡ , ¡ Estaba muerto ¡.
¿Cómo el espíritu de Navidad podía estar representado por algo que estaba muerto?
Y un hombre al que llamaban ecologista, gritó:
- No os parece que ya matamos muchos árboles, para que en las Navidades sean talados abetos sin piedad, abetos pequeños, recién nacidos, como niños ¿No son estas fiestas para celebrar el nacimiento de un niño? ¿Por qué entonces lo matáis? ¿Hizo algún daño ese árbol a alguien?. No, por favor, no matéis más coníferas, no matéis más abetos . Hace bonito un árbol ( y habéis escogido el mas grande de todos ) en la plaza de San Pedro. El Papa estará feliz. Por favor, no matéis más árboles. Poner un Belén con figuras de oro, si queréis que quede bonito, o si sois pobres, con figura de barro o sed las figuras vosotros , y llevad un asno y un buey, pero no matéis ningún abeto, no queráis presumir de belleza y de espíritu de Navidad con un árbol muerto, porque el espíritu se lleva en el alma, no matéis más abetos, y escuchad, si decís que la Navidad no es Navidad sin árbol de Navidad, os diré que vosotros no sabéis lo que es Navidad y que un bosque, os lo puedo asegurar, no es bosque si no hay árboles en él. Porque es muy fácil matar un árbol , pero ¿sabéis cuantos años tarda en llegar a ser lo que es y cuantos años le quedaban aún de vida cuando le matasteis?. Más de los que vosotros podréis ver. ¿Verdad que es fácil matar un árbol de un bosque? . ¡Pero cuan difícil es plantarlo y cuidarlo para que crezca y esperar cientos de años a que sea un gigante de madera . ¿Por qué en vez de plantar un árbol muerto, no plantáis un árbol vivo en la plaza de San Pedro de Roma? . Claro, ya se, eso no sería igual, tendría que ser pequeñito y no se podría adornar con luces que se apagan y se encienden y seria una birria de árbol y nadie se acercaría a verlo, pero un abeto gigante si, eso ya es otra cosa. ¡ Que orgullosa está la ciudad de tener un árbol muerto! . ¿Por qué no competís a ver quien planta el árbol muerto mas alto?, Maldita sea, ese árbol es la vida, y lo habéis matado, nadie se da cuenta, parece vivo, porque esta aún verde y parece más hermoso porque esta adornado, y a todas partes del mundo llega la noticia de que un árbol gigante adorna la plaza de San Pedro . ¡Que maravilla¡ . No, diablos, no . ¡Habéis matado un árbol! . Y le hacéis un héroe. Un héroe orgulloso muerto sin libertad.
El abeto no podía oír las palabras, ni entenderlas, sólo sabía que le habían matado, que le habían sacado de su bosque y que no podía hablar con nadie, pero seguía siendo orgulloso y fuerte, le habían matado, pero no le verían morir, seguiría verde y en pie muchos meses.
- Oh, abeto, porque serás tan orgulloso. Estás muerto, pero no quieres morir, tus hojas no se secan, tus ramas no se caen y los hombres creen que no te han matado y sus conciencias estan frescas, si tus ramas se rompieran, tu madera se agrietara y cayeras hecho pedazos los hombres gritarían ¡Está muerto! , ¡Esta muerto! . Y no permitirían que fueses un árbol de Navidad, pero yo y tú lo sabemos , ¡Te han matado!. ¿Sabes que escuche una vez?,. Que los abetos debían de estar orgullosos de ser los árboles de Navidad. ¿Sabes quien dijo eso? , Claro, un hombre y ¿sabes lo que se debe decir en un bosque? : los hombres deben de estar avergonzados de talar un árbol para su Navidad, su fé debe de ser poca cuando la deben mantener con algo muerto , con algo que han matado
- ¿De donde vienes ecologista? – Preguntó una voz.
- Vengo del bosque, de sentarme a la sombra de un abeto y tú , ¿De donde vienes? ¿Quien eres?
- Yo vengo de un pueblo llamado Belén, vengo a llevarme ese abeto muerto

Teresa

“Alguien” dijo una vez que la persona mas interesada en que hubiese pobres era la Madre Teresa de Calcuta, pues sin ellos, ella no sería lo que es.

La grosería hace envolver las palabras en puñales de sangre negros que se vuelven contra las personas, y sólo “Alguien” pretende caer bien, quedarse con la gente y “Alguien” pretende ser mejor que la mejor o quizás disculparse culpando a otra de lo que “Alguien” no es capaz de hacer.
Una envidia egoísta, un afán de decir yo soy yo, nadie es bueno, por lo tanto yo soy todo el mundo, no hay héroes, ni personas bellas y el que sobresale es el que tacha a toda la hermosura e impone su fealdad.
¿Alguien le preguntó a Teresa si ella deseaba que no hubiera pobreza?. No. Alguien ni siquiera conoce a Teresa. Y Alguien habló por hablar, sólo oyó decir que ella cuidaba pobres y no sabe más, pero cuando una persona es algo siempre hay un Alguien, siempre, que ha de decirle : Tú no eres algo .
Y un río de lodo corre por la ciudad y cuerpos rotos se apiñan sobre sus propias heces, mientras comen cucarachas que devoran sus ojos blancos.
Y hay muchas Teresas, pero Alguien no las conoce, sólo oyó hablar de una y por eso habla de ella y si no hubiera pobres, Alguien no podría hablar de ella, pero Alguien no desea que deje de haber pobres, pues no podría hablar de Teresa.
Y el río de lodo no se detiene llega al mar, donde los peces tragan verdades y expulsan hipocresías, porque está de moda ser hipócrita.
Teresa reza, Alguien habla, Teresa cuida, Alguien blasfema, Teresa sufre, Alguien goza, goza porque sabe que hace daño, goza porque ese daño no le duele a él y porque no hay nadie, Teresa esta lejos, que pueda decirle ¡ Cállate ya ¡ ¡Solo sabes decir tonterías!

… Y el río de lodo ya paró, nadie osó detenerlo, él solo rodó cuesta abajo, y un agujero rojo se lo comió.
Alguien no recuerda ya. Teresa nunca oyó a Alguien. Y los pobres, nacen otra vez, nunca murieron.
¡Buenas noches! . Todo acabó.

El hombre del parque

Me contó que tenía 69 años, que los había cumplido hacía dos horas, y que no esperaba ningún regalo de nadie. Me contó que le gustaba pasear despacio por entre los árboles del jardín de su casa, él llamaba casa a aquel edificio grande , impersonal, donde convivían decenas de hombres y mujeres y varias enfermeras.
Me contó que no dormía mucho y que nunca recibía visitas, que nunca hablaba con nadie porque todos eran muy viejos y andaban mal de la cabeza y sólo sabían decir tonterías y hablar de la cercana visita de sus hijos.
Se enfurecía al verlos hablar y se encerraba en su habitación, sólo cuando la visita de sus compañeros de Residencia se encontraba lejos, entonces salía a pasear.
- Esa es la más loca de todas.
Una viejecita sentada en un banco, escuchaba o parecía escuchar la música de un pequeño aparato de radio.
- Hace unos meses quiso que yo fuera su novio, me gustaba esconderme cuando ella me buscaba y quería ......
Se había acercado aquella mujer, con el paso cansino, arrastrando los pies pesadamente
- Son unos calcetines, los he hecho para ti, porque sé que hoy es tu cumpleaños.
- Escucha, vieja tonta, no me voy a casar contigo
- Escucha tú, viejo gruñón, yo sólo se hacer calcetines y te los daba a ti porque me das mucha pena, siempre estas solo y hasta en invierno andas sin calcetines muchos días, porque no hay quien quiera hacértelos.
Se fue con su aparato de música.
- Uno de estos días me iré de aquí, ya no los soporto, son unos pobres viejos que no valen para nada, todos andan mal de la cabeza.
Me contó, que un día, salió sin sus calcetines y una ambulancia lo recogió cuando intentaba acercarse al pueblo, alejado de la Residencia.
Me contó que le pusieron muchas inyecciones y que estuvo mucho tiempo en la cama, que había querido irse de la Residencia ,porque veía en aquellos hombres a una persona, que eran como él, pero que él no quería ser así. Él no quería ser viejo, pero lo era.
Me contó, que cuando estuvo en cama recibió una sola visita, aquella viejecita que escuchaba música, y que hablaba, hablaba, hablaba ..... , pero que cuando se iba se sentía solo, quería que volviera y no le importaba que no le dejara a él meter parte en la conversación.
Me contó que en mucho tiempo no se había detenido a escuchar el piar de los gorriones, ni a echarles migas de pan, que ya no solía pasear solo y que recibía visitas algunas veces de los familiares de la viejecita que se había casado con él.
Me contó que no me había mentido, que su mujer seguía estando loca, que todos los viejos de la Residencia andaban mal de la cabeza, pero ahora él también estaba loco, y también era viejo, pero ya no estaba solo, pero ya llevaba calcetines todos los días y recibía regalos por su santo, cumpleaños y aniversario.
Me contó que ya no le importaba verse en el espejo, que ya no intentaba querer hacer lo que sabía que no podía hacer, me contó que jugaba muy bien a las cartas y al parchís, y que se dejaba ganar por su mujer. Me contó que ya no quería irse ya nunca mas de su casa, de la Residencia. El pasea por el parque pequeño de su casa, cogido de la mano de su mujer y sentándose a escuchar música en un banco amarillo junto a su viejecita.

Donde no hay risas ...

Bien, puesto que estoy vago, rescato textos de mi juventud. Siglos hace ya de ellos.

Donde no hay risas blancas, donde no las hay, todo está quedo y triste, sin nada, como unas campanas sin tañidos, como una guitarra sin música. Sólo es adorno la casa donde no hay risas.
La risa no es una carcajada fuerte, es sólo una risa de labios pálidos, que sale de los corazones y que no necesita gritos.

!Qué la risa sea el estado del alma inocente que se sabe y se siente feliz!

Cuando en los ríos que se pierden tras cosas puras se ve reflejada el alma en la risa de los labios pálidos, su cristalina transparencia se vuelve reflejo de toda la vida hermosa, y la sombra de un pájaro negro y una piedra que forman ondas y una corriente que viene sucia van borrando sin piedad la sonrisa de los ríos, dejando a su paso todo turbio, donde no se reflejan las risas.
Una sonrisa pequeña, que no se ve, pero que existe es algo grande, porque una sonrisa da mucho y no pide nada. Da confianza, amistad, generosidad, amabilidad, seguridad, da mucho y no pide nada. Todo el mundo lo sabe, el que ríe es más feliz.
Porque donde no hay risas , no hay felicidad : " Que triste es el triste que nunca ríe"
Una sonrisa vale más que un mundo, dar cien pesetas está bien, pero cuan mejor es darlas sonriendo, una sonrisa significa estar en paz con todas las cosas.
Si ese río, reflejo del alma, se va ensuciando, corred delante de las agua turbias, siempre delante de ellas, si ellas corren mucho, corred más vosotros, aunque ese camino os aleje del principio. Si todo el río se oscurece, no tengáis miedo, iros al mar, porque el mar es muy grande y nunca podrá ensuciarse del todo y en él siempre habrá un rincón donde se pueda reflejar la sonrisa.
No queráis tener para vosotros solos esa sonrisa, ayudad a conseguirla a los demás, porque la sonrisa es contagiosa y sabéis que sin sonrisa no hay nada. Cuando un niño sonríe, sonríe vuestro corazón de padre, de hermano, de amigo, de vecino; haced sonreír a los niños.
Unos ojos tristes son bonitos, pero una sonrisa lo es más, una sonrisa que no se vea, pero que se sienta, como el viento cálido que sopla en el verano de un lado a otro.
Donde no hay risas no suele haber nada, sólo cuerpos sin alma; porque la risa blanca ahuyenta lo que no sea alma, el odio, el rencor, la venganza y da sólo sentimientos buenos que llenan de alegría toda la vida.
Unas lágrimas no son enemigos de la risa, pero si lo es de la causa ingrata que produjo ese llanto, llorar no es malo, pero se cura con una risa a tiempo y esas lágrimas ya benditas van limpiando el río sucio, fabricando nuevas sonrisas que puedan ser reflejadas en las nuevas limpias aguas.
Sonríe. Verás que fácil es. Sonríe. Verás que fácil es sonreír y sonriendo comprenderás que dulce puede llegar a ser la vida, sonríele a los pájaros, a los ríos, a las flores, a las risas reflejo de almas; el que sonríe siempre encuentra..... ¿el que? . Encuentra su alma, el alma de los demás, encuentra todo lo que hay en ella.
Una sonrisa vale un mundo y no cuesta nada.

Un corazón de papel

! Cuan hermoso es soñar !. Viajar a las estrellas sin billete, tener un corazón de papel.
¿Porqué es azul el cielo y los ríos?
El cielo es de color azul porque la nieve es blanca. En esa nieve hay una vida, un corazón grande como Él supo dárselo.
Alguien mira desde una ventana la calle, solitaria y blanca. Un corazón de papel.
Sopla el aire entre las ramas de los chopos de la ribera del río y los peces de colores beben los suspiros de la noche que ya no tiene el cielo azul.
¿Porqué es negro el cielo y las noches?
El cielo es de color negro porque existen las luces. En esa luz que brilla a lo lejos, allí hay una vida que necesita de otra vida, y allí otra y más allá y tras de las montañas y en el lugar más alejado donde nadie haya llegado nunca, allí hay otra vida.
Alguien mira la nieve con ojos de ilusión.
Sale el calor de una casa confortable y unas huellas blancas se hunden en el suelo.
- Dadme una flor, una canción, una ilusión; una canción que hable de paz, que hable de amor. Venid a cantar conmigo, venid a vivir conmigo.
Alguien baila en la noche, dando vueltas sin fin.
-! Bailad conmigo !
Una viejecita con corazón de niña y un hombre con corazón de poeta danzan sobre la nieve blanca de la noche negra.
-¿Quién eres tú que tan bien bailas, que estás conmigo, que haces en mi sueño?. Todos duermen. Sólo tú y yo vivimos. ¿No puedes hablar?
-Soy un corazón de papel, la pobre viejecita que vende castañas calientes en la calle para poder vivir, una viejecita sin casa y sin familia y a la que nadie quiere porque es vieja; todos pasan, pasan, sin volver la cabeza, nadie se fija en nadie, sólo tú lo has hecho esta noche fría, en la que muchas personas son felices con tan solo la sonrisa que ven en los labios de sus semejantes; me ha correspondido a mí ser tu flor, tu canción que habla de paz y de amor, me ha correspondido a mi ser tu ilusión.
Silencio. Todo se ha parado en el tiempo. Una gota de agua flota en el aire, quieta, inmóvil. Se ha abierto una ventana y nada funciona. Dos personas, hablan, una vieja con alma de niña y un joven con alma de poeta. Todo se ha parado en el tiempo.
- Dime, ¿Dónde estamos, quien eres, como te llamas?
- Sólo mira.
Una música de luces de colores canta en su derredor. No hay nadie y están todos.
- Cógete de mi mano. Verás lo que pocos han visto; verás lo que es amor, lo que es paz, lo que es soñar.
Las cosas bailan en todos los sitios, una flor danza.
En el mundo animal, entre los hombres, siempre hay alguien que manda, que ordena ¿porqué? ¿No son todos iguales a todos? ¿Para qué unas normas, unas leyes? . En tú mundo, hay cosas buenas, cosas que dicen hermandad, igualdad, libertad, amor, felicidad, sólo se dicen, sólo se dicen. Mira esto y esto otro.
En este otro mundo no hay humanos, ni animales, pero si muchas flores, montones de flores, ellas no mandan nada, no son de nadie, no dependen de nadie, no necesitan a nadie.
- Todo esto es maravilloso, lo más hermoso que jamás vi. Aquí el amor, los sueños se cogen con las manos, pero dime ¿No hay nadie que pueda ser como yo?.
- No, nadie. Todo lo que ves es lo que hay. Todo lo que oyes es lo que existe. ¿Te gusta?
- Si, me encanta, mucho más que cualquier otra cosa de la Tierra.
- Es tuyo para siempre, ! Tómalo ! .
-¿Siempre?. ¿Y tú? . ¿Acaso no era esto tuyo y no mío? . ¿Porqué me lo das?. ! Yo no lo quiero ! . ! Todo esto es tuyo ! . No puedo quitártelo.
- Será de los dos, de un corazón de papel y de un corazón de poeta.
El suelo se vuelve blanco, es de la nieve, hay huellas profundas, junto a un tiempo detenido.
- No podría ser feliz sin algo por lo que vivir; tu mundo es maravilloso, pero yo quiero más el mío porque en él lo tengo todo. Adiós, adiós y gracias por hacerme comprender que siempre, siempre, siempre hay una vida que necesita de otra vida, siempre.
- Lo has encontrado tú solo, no me necesitas. Anda, no llores, no estés triste, ve y busca la vida que te necesita, ve y busca la vida que te espera.

De mi, para ti. Yo.

De mí para ti, yo. Dedicado a la tercera edad
Los viejos no leen, los viejos no lloran, los viejos sólo callan; nadie compuso una canción para ellos; no sirven; nadie les leyó cuentos;son sordos; nadie les compuso un libro; no piensan; Nadie.
Y se van muriendo: Y tú te vas, ¡Qué seas feliz¡ Regresaras……. , dice una canción de amor.
Y se van muriendo en los hospitales; hoy ha habido doce camas vacías más, mañana volverán a ocuparlas más carne que huele a muerto. ¡Dios¡ Nunca podría ser médico, ellos aspiran a curar, pero ven muerte también y son tan inhumanos, muy limpios en batas blancas, muy limpios sus guantes blancos, mucha desinfección en los termómetros, pero su corazón no sangra. Es de hielo.
-Aquí sólo traen a los que van a morir- Horas, días, tal vez meses y ya está – Se irán como vinieron.
Y los viejos enfermos hablan entre si y se cuentan su vida, y el compañero de hospital no puede conocerla toda, porque pronto, se va él ó se va el otro, a casa porque curó o porque va a morir, ó porque ha de volver otra vez, pero entonces le darán otras habitaciones.
Y los nietos saludan los fines de semana desde el patio a los enfermos, porque son pequeños y no les dejan entrar, y los viejos saludan a través de las ventanas que no deben abrir para que no entre frío.
Y hace años, un hombre iba pregonando en cada una de las mil habitaciones del hospital: ¿Quieren que les ponga televisión? . 200 pesetas semanal.
Y una mujer iba vendiendo lotería de subnormales.
Pero hoy, ya hay televisión en cada habitación, y se sacan bonos de 3 Euros, 24 horas, y las habitaciones se llenan de visitas molestas y ruidosas.
¡Dejadles en paz¡
Y el viejo del hospital se cansa, le duele todo y se enfada.
Nadie ríe, todos están serios.
María no puede andar.
Antonio se quedó ciego.
Jesús tiene cancer.
En el hospital de oncología todos le conocen, hace más de seis meses que está en esa cama y ahora casi nadie viene de visita a verle.
¡Su hija cada domingo¡
Y Jesús sabía muchos chistes, pero ahora, solo y viejo (hace más de veinte años que enviudó), sólo ve fantasmas en sus sueños y bichos asquerosos que se acercan y se le meten por la nariz y las orejas y grita y grita.
Y un día se morirá.
Y el viento sopla doblando los árboles más fuertes y bacterias y microorganismos y vejez se vuelven tifones tropicales que se elevan sobre las laderas de las montañas y las rompen y la naturaleza se viene abajo, no le puede hacer frente y algo se va elevando de nube en nube, pasando de cúmulos a cirros elevados en un cielo que quiere caerse en pedazos, porque Jesús ha muerto, murió con sus fantasmas en su cabeza y en su cuerpo, murió gritando:
¡Qué no se acercara!
¡Qué no se acercara el fantasma negro de las mil caras!

Paloma mensajera de la Paz

Paloma mensajera de la paz

Escondida debajo de un tosco armario de pino, pasaba las horas temblando, su libertad coartada, su miedo ensalzado, el hambre y la sed ilimitadas. Su minúsculo cerebro de paloma bravía no era capaz de abarcar más recuerdos que aquel, aquellas manos ajadas de dedos curtidos, grasientos, sucios, que la atenazaban y aquellas tijeras oxidadas que cortaban sus plumones, las cañas huecas y las plumas de una de sus alas.
Ya no podía volar.
Ya no podía escapar.
Dejó de ser libre.
Lo más atrás que recordaba era el dolor que sintió en el aire, mientras volaba con rumbo y destino conocido, un ruido a sus pies y como lentamente caía hacia el suelo. No se sustentaba en el aire, dolía, algo se había metido en su cuerpo, le había dañado, sus alas no respondían, y descendía cual paracaidista, hacia la prisión de su desdicha.
Ahora, arrinconada, inmóvil, capturada su voluntad, aquella paloma mensajera se estaba dejando morir, aterrada por lo extraño, paralizada por una fuerza externa más fuerte, gimoteaba en vez de luchar, escondía su cabeza en las sombras, se refugiaba entre su propia angustia de un ser defenestrado y herido.

Unos pasitos sigilosos, almohadillados, un bulto pequeño se movía dando vueltas, blanco y negro, era la propia muerte en persona quien merodeaba su mazmorra, con cuatro patas, bigotes finos, mirar felino, un lindo gatito paseaba en busca de algo, ella se quedó quieta, más que nunca, su corazón ni palpitaba, presa y depredador jugaban al escondite, al juego de la vida y de la muerte, al juego de la supervivencia del más fuerte, al juego evolutivo, y allá, mimética, en un rincón, la paloma mensajera esperaba el desenlace, y el bigotudo la vio, avanzó hacia ella en movimientos de mamífero perezoso trepa árboles, y la mensajera, se percató, su instinto le hizo huir, dejar la seguridad de aquel rincón y revolotear chocando con las paredes, golpeándose, magullándose nuevamente, buscando los resquicios apropiados para huir de la muerte. La llegada de la muerte era lo que le había dado alas, alas rotas, alas que no le permitían volar, pero si revolotear, si patalear sobre el vaso de leche donde se estaba hundiendo, y de tanto, tanto, tanto patalear, esta habíase cuajado, hecho sólida y ahora podría escapar, ¿ó quizá no?. El gato era joven, poco hábil, poco ducho aun en caza de presas, pero aquella era una de esas en teoría fáciles, herida, asustada, débil, sin lugar a donde escapar en aquel cuartucho de paredes de barro y muebles destartalados, se relamía los labios, afilaba sus garras que servirían de tenedor y sus incisivos, de cuchillos bien templados. Tendría que escupir unas cuantas plumas antes del banquete, pero nada es gratis, y la seguía con la mirada, girando en su alrededor, la boca hecha agua.
La arrinconó.
De un ágil salto le plantó sus patas, sus tenedores, sobre su cuerpo, mientras la mensajera se debatía en últimos esfuerzos de librarse de aquellas garras, desesperados y vanos intentos de rechazar el fin, de pelear hasta el final. Ahora si peleaba. Ahora tenía un motivo. Su vida.
Era curioso, en aquel rincón, cuando no temía por su vida, vivía con miedo, inmovilizada, y sin lucha, cobarde, sin buscar una salida, prisionera de sus temores, y ahora, prisionera también, se empeñaba en luchar.
La claridad del día penetró a través de una puerta por la que un gigante dando gritos y haciendo aspavientos surgió de la nada. Presa y depredador sintieron pánico. El felino intentó antes de la desesperada huida, clavar sus dientes en el cuerpo de la paloma, y huir con ella, como alma que lleva el diablo, mas esta, con reflejos más de gato que de pájaro, se escabulló de entre sus fauces.
Un zapato voló por encima de la cabeza del gato, rizándole las orejas, y turbado y perplejo, el señor felino huyó raudo a través del mismo agujero por donde había entrado, una especie de gatera a media pared, por donde la mensajera, de haber sido dotada de mejor inteligencia y con un poco de paciencia, podría haber escapado.
Sintió de nuevo las mismas manos rudas sobre su cuerpo. Apretaban. Cambió de manos, de manos de gato a manos de humano. ¿Qué más daba? .
Apenas si podía moverse sujeta por aquella pinza, por aquella tenaza.
Vio como abandonaban aquella especie de cuadra donde había estado prisionera cuatro días y salían a la soleada mañana. Una primaveral mañana de primeros de mayo.

- Eh, tú, estúpido, ¿es que no te has dado cuenta hasta ahora?.
- Vuélveme a llamar estúpido y te arranco … ¡Anda! ¡Es verdad! ¿Seré estúpido?.

La mensajera notó como unos dedos torpes hurgaban entre sus patas y le arrancaban un trozo de papel, que hacía cinco días formaba parte de su fisonomía, cuando en un lugar bastante alejado de allí, otros dedos, le ataron aquella nota a sus frágiles huesos.

- Vamos a leer lo que pone.
- Toma, léelo tú.
- Trae acá, so ignorante.
- Te juro que un día de estos despertarás con este cuchillo entre …
- Aquí dice : “ La Guerra ha Terminado …”.
- ¡¡ Ha terminado ¡¡ ¡¡ La guerra ha terminado ¡¡

La mensajera se vio dando vueltas y más vueltas, zarandeada en el aire, alzada hacia arriba, lanzada en volandas y vuelta a coger, se sintió, sin saber quienes eran Sancho y Quijote, como cuando a estos los manteaban, se sentía peor que cuando el bigotudo la tenía atrapada en el pesebre, cuadra, ó lo que fuese aquel redil de paredes de barro donde estuvo encerrada.

- Esto hay que celebrarlo. Por todo lo alto. ¡¡ La guerra ha terminado ¡¡ .
- Si, hurra, hurraaaaaaa, hip, hip, Hurraaaaaaaaa.

La paloma notó como aquellos dos humanos empezaron a andar hacía unas tiendas de lonas situadas varios cientos de metros más allá, donde un grupo de hombres practicaban diversas faenas en el campamento militar de la retaguardia.

- Capitán, capitán. La paloma, la paloma ha traído la buena nueva. La paloma. La guerra ha terminado.
- ¿Qué dices, majadero?
- Mire, mi capitán, es una de nuestras palomas mensajeras, viene del frente, trae un mensaje entre sus patas, firmado, hemos ganado, hemos ganado la guerra. Mire, tenga, léalo. El enemigo ha capitulado.
- Una paloma mensajera de la paz.
- Si, mi capitán, una paloma de la paz.
- Dámela y Retírate.

La mensajera sintió como ahora la sujetaban unos dedos más blandos, más delicados, que parecían acariciar, en vez de apretar. Los dedos de aquel joven capitán que la había llamado paloma mensajera de la paz. Ella no entendía, claro, pero se sentía tranquila, como si le hubiesen crecido las alas y pudiese volar. Notó como unos dedos acariciaban su cabeza, las plumas irisadas y multicolores de su pecho y por primera vez en cuatro días se sintió confortable, se sintió segura, se sintió tratada con respeto.
Lo único que le molestó fue el ruido de la salva, hurra, vítores, disparos al aire, fogatas que aparecieron por doquier, mientras el capitán la paseaba por entre sus hombres y la mostraba en alto diciendo palabras que ella no entendía. Aquello se convirtió en una fiesta, había que celebrarlo por todo lo alto, que no faltase nada, nada. La paz había llegado de patas de una paloma mensajera. Había que celebrarlo. Y ella, sin saberlo, era la causa de todo aquello, la heroína de un cuento de hadas, el mensajero de Dios, de la paz.

Había que celebrarlo, y para hacerlo, el capitán entregó a uno de sus hombres el cuerpo decapitado de la paloma, después de haberle retorcido el pescuezo.

Prepáramela bien cocinada –dijo- Hay que celebrar el fin de la guerra por todo lo alto.

Carta para Chiqui.

Hola, amiga mía.
¿Qué tal te trata la vida?.
De resultas te ha de tratar bien, pues siempre fuiste lo mejor de lo mejor, la mejor amiga, la más fiel, la más divertida, la más dicharachera, la más sociable, la más cariñosa, y ya basta, creo, de detallarte, que nadie me va a creer que existieses así de tan linda como “la más” de todo y te me van a creer que eres inventada, cual mi invisible amigo y mi amiga inventada.
No te inventé.
No te creé.
Tú fuiste tan real como yo, tan real como es esta carta que ahorita te estoy escribiendo. Y te preguntarás, ¿Por qué ahora?, ¿Para qué me envías una carta, después de tanto tiempo?.
Es cierto, han pasado unos añitos, son pocos, déjame que cuente, uno, dos, tres, cuatro. Muy poquitos, pero también puedo contar los años que pasaste conmigo, uno, dos, tres, cuatro, …. ,dieciséis.
Ganan los años de tu compañía a los de tu abandono.
Tus recuerdos a tu olvido.
Y aquí estoy para, primero, decirte que no te olvido, que nadie te ha sustituido en estos cuatro años, pues tu marcha fue muy triste y me apena que alguien puede marcharse otra vez de mi lado del mismo modo, y segundo, pedirte permiso para usar tu nombre en este blog perdido en un mar muy chiquito, lleno de faros y de vientos, de ositos y rimas, de cartas y algún que otro barco velero, de gaviotas y auroras, de pequeñas cosas, y qué más pequeño que tú. Mi tierna chiquitina, mi chiqui. Gracias anticipadas, por dejarme plagiar tu nombre, y ya sabes, cuando quieras, te pasas por aquí, qué con este “par de dos” de invenciones, te me añado tan ricamente para hacer un “trío de tres”. Aunque tú no seas inventada, qué ya sé que estás muerta, y enterrada junto a un remanso de aguas claras, hace ya de esto cuatro años. Pero encajarías muy bien en esta familia que poco a poco me voy quimérica y utópicamente reinventado.
Bien, chiqui, por aquellos tan gratos momentos que pasamos juntos, quiero, mi encantadora y juguetona perrita, darte las GRACIAS.

Al acuse del recibo de esta carta recibí un escueto mensaje:
- “Tú me pusiste mi nombre, úsalo como bien te plazca”.